Todo el mundo sabe
que la adolescencia es un periodo bastante complicado, tanto para los
padres como para el adolescente en sí; somos impulsivos,
desobedientes, no pensamos antes de actuar, lo cuál puede meternos
en uno que otro problema. Los adolescentes somos diferentes a los
adultos en nuestros comportamientos, toma de decisiones y forma de
pensar, y todo esto tiene una explicación biológica que es que
nuestro cerebro continua formandose y madurando durante la
adolescencia y hasta principios de la edad adulta.
Existe
una región específica del cerebro llamada amígdala,
la cual es responsable de las reacciones instintivas incluyendo el
temor y el comportamiento agresivo.
Esta se desarrolla temprano.Sin embargo, la corteza frontal, el área
del cerebro que controla el razonamiento y nos ayuda a pensar antes
de actuar, se desarrolla más tarde. Esta parte del cerebro va
cambiando y madurando hasta bien entrada la edad adulta.
Durante
la adolescencia el cerebro experimenta una reorganización muy
importante de las conexiones neuronales. Perderemos aquellas que
fueron necesarias en los primeros años de vida a cambio de conseguir
otras muchas imprescindibles para vivir la vida como adultos. Este
cambio nos produce cierta desorientación, porque nuestros valores,
necesidades, inquietudes, gustos, etc. están cambiando en poco
tiempo.
Por
otro lado, las prolongaciones nerviosas de todo el cuerpo, incluyendo
por supuesto las cerebrales, se irán protegiendo progresivamente con
la vaina de mielina que producen ciertas células del sistema
nervioso. La consecuencia final será una velocidad de transmisión
de los impulsos nerviosos hasta cien veces más rápida.
Todos
estos cambios son esenciales para el desarrollo coordinado de
pensamiento, acción y comportamiento que obtendremos durante la
adultez. Por tanto, aunque sea un periodo de conflictos tanto
internos como externos, es muy necesario para nuestro desarrollo
físico y mental como persona.

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