Vivimos
en un país privilegiado, no solo por el nivel de vida que tenemos,
sino también por nuestra mentalidad liberal y no conservadora,
aunque no siempre ha sido así. Nosotros mejor que nadie sabemos lo
que es vivir en una sociedad sin derechos y controladora, sin
libertad de expresión y mentalidad, porque hasta hace no más de 50
años, nos encontrabamos en esa situación.
Una
madrugada del 18 de agosto de 1936, dos meses después del golpe de
estado militar contra la segunda republica, había sido fusilado
Federico García Lorca, por la simple razón de ser homosexual. Tras
el fin de la Guerra Civil, la dictadura franquista reprimió
cualquier atisbo de libertad.
Aún
así, en un primer momento los asuntos considerados “inmorales”
eran controlados por la Iglesia, pero debido al aumento del turismo,
la dictadura tomó el control: Considerando a los homosexuales como
“una amenaza al orden público”. Años más tarde, la ley de
vagos y maleantes, que fue aprobada durante la segunda república,
para el control de “mendigo, rufiantes sin oficio conocido y
proxenetas”, fue modificada con el objetivo de perseguir y castigar
cualquier práctica homosexual.
A
los 16 años, durante el gobierno de Carrero Blanco, hubo una ley
similar a esta, pero con penas de hasta 5 años en carceles y
manicomios para los homosexuales y demás individuos considerados
peligrosos, para su rehabilitación. Durante este periodo, el 6% de
los informes diponibles en los Juzgados de peligrosidad de Madrid se
referían a personas homosexuales.
Los
peligrosos eran considerados como enfermos a quienes no se debe
perdonar sino curar, esto hizo que las personas homosexuales no solo
fueran perseguidas y reprimidas, sino que también fueron
encarcelados como “método de prevención del contagio”.
Pero
esto fue hace mucho ya y nuestra sociedad ha cambiado muchísimo
desde entonces. Pero no tanto nuestro planeta, donde en más de 70
paises, la homosexualidad se castiga con la cárcel e incluso con la
muerte, y también son marginados de la sociedad: En Uganda, un
hombre homosexual fue quemado vivo ante la mirada indiferente de sus
vecinos; un joven llamado Ahmed acaba de ser condenado a muerte en
Sudán; en Rusia, grupos neonazis propinan brutales palizas a jovenes
gays con total impunidad; Simone se quitó la vida a los 21 años
tras arrojarse al vacío empujado por la homofobia... Y así
incontables casos de personas que no pueden ser ellas mismas por
miedo al rechazo de los demás solo por ser diferentes, pero ¿quienes
somos nosotros para decidir u opinar sobre la vida de los demás?

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